El sol está viejo (II parte del poemario Agitación...

II
El Sol está viejo



  
Voz de adentro


Una voz de adentro
coquetea en los amaneceres,
habla en lenguas, frases…
Y me aprisiona

(saber lo que pasa
y no poder expresarlo).

¡Terror al sarcasmo!
El derecho a callar es infame.

Esa voz se dispara
y los sentidos retumban,
la garganta se humedece.

Es un relincho, la voz.
Que no aguanto más.





Una vez más


Me acompañó la ausencia,
la mirada sombría, la pesadumbre.

Sin lenguaje.

Aquí comenzamos.
Aquí terminamos.

Una vez más.





Espíritu


Fuego tenaz en el túnel de sueños.
Indómito y desbordante brilla en noche oscura
y navega cuerpos enloquecido por trozo vital,
como el canto de las gaviotas y la danza del viento.

Mar abierto.




  
Despertar


Morí con sopor de nobleza humana
y al abrir los ojos con desconcierto
encontré como tierra fértil tus manos,
tus aguas de mujer dándome vida.






El Sol está viejo


La Luna está triste,
gotea lágrimas en mi cama,
porque el Sol está viejo
con sus mismos cotones.

Sea noche o día
el mar ya no brilla, lloran
los silentes rayos
al despedirse el Sol
de los tiempos nuevos y viejos.

Como el tropel que fue de mí,
como la sombra que seré,
quizás desolación o espanto.

Pero resisto como Sol viejo
y abrazo aquel atardecer parto
de aliento y esperanza,
con imágenes de Sol en curso

niño
joven
padre
abuelo

y la Luna besa los recuerdos
del mar que aún se agita en mi pecho.

Ahí vivo, ahora lo sé.





Estallido seguro


Un estallido me libra del dolor,
que por la mañana llega y por la noche se aleja.

En el día transitan los mismos rostros de ayer,
quizás más toscos, más negros y más lentos;
caminan con aires descoloridos y la mirada furibunda
como quien ha perdido al hijo, los colores de la vida.

Los alientos son más pálidos y tristes,
como dañosa es la dádiva de los hombres que rondan
el pozo seco del destierro tragando la sed que grita.

Y grita hasta estallar sin compasión al lujo ajeno.

Adentro no siento dolores y crece silenciosa la inquietud.






Trifulcas de mi ser


Estoy en todos,
tienen consideración,
hacen bien no difundirlo;
soy y me ausentan, rostro inviable,
jolgorio de todos.

Me reflejo en la blancura de mi refugio,
silencio de luces,
convivo como preso de confianza.

Medito por el mundo,
lloro silente,
tirito de frío
y estoy ausente.

El rocío despierta…
Influjo de corriente sanguínea.

No presenciaré mi ausencia
encadenado en el interior
de las trifulcas de mi ser.



  
Tráfico


Naces en el tráfico de mi desesperación
sin calcular estallido.

Apareces fina.
Metal extraño.

Delicada extensión del cielo interno.
No se desprende ante vos
ni ante el que muere.

Delicado rostro
ciegas mi existencia.



  

Exaltación al esfuerzo


Como siempre,
la noche se asocia al silencio,
a la pulcritud del pensamiento.

Aquella tarde
vi tu cuerpo joven,
tu mirada a lo desconocido,
infinita,
compromiso fáctico.

El camino es duro,
nunca será fácil.
Ser y no poder llegar
es debilidad humana,
no el fin.

Levantarás tus piernas,
Inflamarás tu pecho
y lo intentarás otra vez.

Rendirse te atormenta.
Vencer es tu visión.
Pues anda, camina, trota, lucha
y vence
como el que comienza de nada.

Solo serás lo que puedes ser,
solo tú puedes emprender,
cadete forjado hombre,
la patria os premie.




Animación


No haces falta.
No molestas.
Sueles despertar en la cama
abracando almohadas.

Dormir sin tiempo,
tiritar sin frío,
transitar en el césped,
acicalando pétalos acalorados,
por la timidez del viento.

Vivir sin amar,
volar sin alas,
caminar sin espinas.

Oportunidad finita.
Inténtalo…
Una vez más.






Luna, lunita…


Frente a la puesta del Sol
iluminaste un sendero
sobre aguas volcánicas,

te elevas
en el cordel del tiempo

y despampanante
embrujas el cielo,
te excitas sin máscaras,
ni pena.

Libidinosa tu boca
color natura.

Luna, lunita,
mírame,
exáltate
contra mi pecho
que bajo el umbral
de un cocal
coqueteas mar abierto.

Apresúrate
entre las olas
y marca
como bien sabes
suave
las horas.

Luna, lunita,
prodigio en firmamento.






Monstruo silente


La Tierra ha parido
su monstruo silente

no come
no duerme
no sueña
no pide nada
por los ausentes
ni por los presentes

monstruo silente
que hiere con caricias
con miradas y sonrisas

no pierde tiempo
calcula
espera
atrapa
a la víctima próxima
de la tarde

y regresa callado

no lo atormenta
cantos de sirena
ni creyentes
ni damiselas
olientes a azufre

monstruo silente
en ti
atrapado
con vida de torbellino
boqueando alma





Vete


Los pasos de un adiós me eriza la piel.
Pulula el rumor de la muerte.
Obeliscos y monumentos te esperan.

La tragedia hace pose entre los vivos;
un arrebato repentino nos transfigura.

¿Será siempre lo mismo que ayer?

Enfrentarse a un duro episodio
es dejarlo todo, las propias creaciones,
una especie de desgarre que ruptura.

Y me resisto a sucumbir con ojos cerrados,
aún aguarda el último combate, la emboscada
del destino creyéndose vencedor impoluto

pero aún ruge mi pecho y la sangre,
alma guerrera hereda valentía con corazón,
en marcha frente a las muecas de rostros tristes.

Aunque enterrado mi cuerpo, viviré en tu regazo,
en mis aventuras nocturnas y nuestros amaneceres.

Dejen todo y marchen. No digan quién fui.
Ni quién soy ahora.

Debo meditar en silencio,
desabotonarme el fuego que me quema.

Vete y búscame mañana en la palabra al viento,
ahí estaré sorteando el pulular de la muerte,

pensando en ti.